miércoles

GENTE RARA Un cuento de bibliotecarios

El 13  de septiembre se celebró el Día del Bibliotecario. En Buenos Aires, en el Instituto de Formación Técnica Superior Nº 13, una institución donde se dicta la carrera de bibliotecología, se organizó un festejo. El festejo incluyó la lectura de dos cuentos,  uno de ellos "Gente rara", que fue dibujado mientras era  leído. ¡Muchas gracias a la dibujante y a los compañeros-colegas del IFTS!



En el mundo hay gente rara…Hay gente rara que viene a la biblioteca y se mezcla con la demás. Mirando desde aquí, desde el mostrador, uno los ve  a todos sentados, leyendo, y mezclados así  no se advierte ninguna diferencia. Hasta que el raro llega, o se levanta de su mesa, y empieza la función.

Hace mucho que  a mí  se me  ocurrió llevar un registro de los raros que vienen aquí. Pero raros en serio, no sólo los de siempre que  piden un  libro, se sientan  y se duermen, apoyando una mejilla sobre él como almohada,  ni  los que comen a bocaditos escondidos el sándwich que tienen sobre la falda. Anoto a mis  raros en un cuaderno y al cuaderno lo guardo en un cajón con llave. Lo guardo bajo llave porque cuando lo dejaba a la vista encontraba anotaciones, dibujos obscenos y tachaduras sobre mis notas.  Eran los del turno de la tarde que se reían de mi interés y  decían que yo mismo soy más raro que cualquier raro que pudiera venir.   

A mí  no me importa lo que digan, y a la  pregunta de porqué  los observo y los anoto puedo contestar que por la misma razón que se catalogan las  mariposas y las piedras. Así que yo tengo entre mis mejores especímenes:
Un raro,  muy alto y desgarbado,  que antes de sentarse a una mesa da dos vueltas  enteras a la sala de lectura mirando las paredes. Una de las paredes tiene  una pintura del fundador de la biblioteca y  posters del último congreso. La primera vez que lo vi me pareció normal que se detuviera  a  mirarlos.  Pero después observé que se detenía   también  frente a las otras paredes que no tienen nada, están limpias de cuadros,  fotos o posters. Y ahí me di cuenta que lo que examina no es lo que haya colgado sino las  mismas paredes. Las paredes, propiamente.

Hay una rara también. Se tiñe el pelo y las cejas de negro renegrido,  se pinta los labios de rojo, y usa  polleras de color naranja y violeta, o  rojo y naranja, largas hasta el suelo. Es la que siempre pide libros de historia de la moda. Pero lo raro viene después: se sienta  con su  libro, comienza a leer (o más bien  a observar los dibujos y las fotos), y al minuto se cambia los zapatos. Saca de su bolso un par de zapatos y sin dejar de leer se los cambia maniobrando bajo la mesa. Guarda los que tenía puestos. Al rato, repite: abre el  bolso, saca el par de zapatos que  había guardado, se quita los puestos y se cambia. Le conté hasta cuatro cambios en una sola mañana de lectura.

Hay otro  raro, con barbita y  anteojos a lo lennon,  que cada vez que viene, y viene seguido, me pregunta dónde puede sentarse. La primera vez que me preguntó le respondí “en la mesa que gustes”, con un amplio gesto circular  del brazo para señalar  la cantidad de mesas libres que había en la sala. Y creí que le daba respuesta de una vez para todas.  Pero no. Cada vez vuelve a preguntar dónde puede sentarse y a estas alturas de la insistencia yo pienso que debe ser un interrogante filosófico  mucho más allá de un asiento concreto, tal vez  alguna cuestión interrogable  acerca del descanso humano, al que yo nunca puedo satisfacer  con mi   limitada  respuesta. 

Pero los más raros de todos  son los raros de computadora. Hay una chica que sólo se sienta en la  tercera PC.  Yo  había notado que se quedaba haciendo  tiempo y  merodeaba por el catálogo,  hojeaba distraída los diccionarios  o se concentraba en su celular. Supuse que esperaba a alguien más hasta que me di cuenta que esperaba que se desocupara la PC Nº 3. Cuando la 3 se desocupa, vuela y se instala ella. Y pueden estar todas libres, menos la tercera, y ella no se sienta a ninguna.

Y está Dedos de Papel, que podría  ser primo del Manos de Tijera. Dedos llega, saluda con una  inclinación de cabeza, y se sienta frente a una computadora. Luego abre su portafolios y saca de él un sobre con recortes de papel rectangulares. A continuación, se enrolla un recorte en los dedos índice y mayor de cada mano  y lo dobla sobre la yema, y así digita sobre el teclado con cuatro dedos protegidos y los otros en el aire, evitando rozar las teclas.

A  Dedos le tomé  fotos con  el celular, para dejar constancia.  Los de la  tarde se quedaron asombrados cuando se las mostré y por primera vez dejaron de burlarse de mis registros. Y algo me dice que en cuanto  comente mis casos  por Internet van a aparecer a contar  sobre los raros que ven en su turno,  como si se les hubiera ocurrido  a ellos y fuera su descubrimiento.  Y no me extrañaría que propusieran un concurso de Raros de Biblioteca,  para el cual me adelanto y dejo aquí presentados a mis  mejores candidatos.


Isabel Garin





16 comentarios:

Anónimo dijo...

che, en serio que a mí también se me ocurrió llevar un registro de la gente rara!! no lo hice, pero lo puedo hacer ahora y concursamos je je

Ani

Alejandro Abate dijo...

Muy bueno el relato...A medida que lo iba leyendo, hacía memoria de la colección de "raros" que uno debe haber contabilizado en esta profesión. Pero no creo que sea exclusiva del ámbito de las Bibliotecas... en todo lugar que concurre "público"... debe existir esta naturaleza. Las "rarezas", también son subjetivas... puesto que ya uno, de alguna manera al haber elegido esta "profesión" es un poco "raro" también. A cada uno de ustedes, los profesionales de las bibliotecas, les habrá pasado más de una vez que cuando le preguntan por ejemplo: -Y vos, qué hacés?, a qué te dedicás?, o en dónde trabajas?- se quedan un rato medio como en silencia y después te mirar raro, como diciendo -Ahhh y de eso se estudia?- o expresiones similares. Yo recuerdo cuándo aún trabajaba, (ahora estoy jubilado) que a la biblioteca donde yo trabajaba, iba un tipo a pedir siempre el mismo libro, y no se trataba de un libro de esos que el común de la gente define como de "entretenimiento"...o divulgación... No: me pedía un tratado de Física de Sábato-Maiztegui... El tipo, era grande, o sea que estudiando alguna carrera afín al tema, no estaba... hasta que una vez... muerto de curiosidad no pude más y le pregunté por qué motivo siempre leía el mismo libro... Entonces con una inmensa cara de tristeza me dijo que "ese era el libro que llevaba su hija el día que una bala perdida en un tiroteo entre delincuentes y policías la había matado". Creo que le dije algo así como "bueno, discúlpeme" y me fui a sentar a mi escritorio como con una gran vergüenza encima.

gabriela dijo...

uy si que cosas habra atras de esas rarezas, Isa, Santi me parece que podria entrar a tu catalogo: cuando lee concentrado hace un ruido gutural, que lo hace desde los 2 años, nunca se le fue, el otro dia fue re gracioso: estab estudiando y cortaba de a ratos cantando con su mp3: desde afuera se escuchaba que alternaba gritos cuando cantaba co nese sonido gutural a continuacion, un ruiderio radisimo, imaginate en una biblioteca jaja

Isabel Garin dijo...

muy conmovedor! yo también habría preguntado, creo...Mirá lo que puede haber detrás de las rarezas

Isabel Garin dijo...

ahhh sí, primero dirían entre ellos (los bibliotecarios) "escuchá el ruido que hace aquel chico que lee allá" y después le pedirían que se vaya a otra sala o que se calle, ja ja! pero si lo hace sin darse cuenta se le escaparía de nuevo...No recuerdo ese sonido. Sí he escuchado sonidos de otras personas cuando se abstraen leyendo

Anónimo dijo...

Algunas personas suelen hacer ruidos raros con la boca, son tics, motores y vocales. Este específicamente es denominado síndrome de Tournete.
Hace poco vi una película muy interesante sobre este síndrome, lo padece un maestro de grado.
Gladys Galván

Anónimo dijo...

Muy bueno, Isabel. Un beso grande

Daniel C.

Oscar Rospide dijo...

Yo tengo uno fenomeno,raro,similar y asqueroso los jueves viene un tipo a la biblioteca de Hollywood California que mientras lee hace globitos con la saliva como si tuviera un chicle...ja!contame si tenes uno peor!!! un abrazo a todos mis queridos bibliotecarios

ROBERTO ANGEL Merlo dijo...

No soy bibliotecario, quizás sea en cambio un raro, uno nunca sabe.
Muy buen cuento sobre un tema muy original.
También dejé mi opinión en el blog de Ernesto.
Saludos

ROBERTO ANGEL Merlo dijo...

Mi correo
roanmer@gmail.com
Gracias

Jorge Rios dijo...

Las Bibliotecas, las iglesias, los hospitales,son la cuna de gentes que solemos llamar raras por su comportamiento, en estos lugares realizan sus sueños, se regocijan con el ambiemnte, se sienten importantes y sienten su verdadera libertad espiritual y física.El Bibliotecario es un gran observador de la gente que asiste a la biblioteca en búsqueda de información y aún más se detiene con aquellas personas que suelen ser diferentes en su comportamiento para utilizar el servicio. De manera Isabel, que yo fui un gran observador de este tipo de personas y el cual siempre me preguntaba, el porque frecuentaba dicho espacio y mi repuesta era siempre que allí se sentía libre, regocijado con el ambiente y la magia de los libros.

Isabel Garin dijo...

Muchas gracias, Roberto! la verdad es que además de lectores raros, hay bibliotecarios raros, quién más, quién menos...

Isabel Garin dijo...

Estoy de acuerdo con vos, creo que la gente encuentra en las bibliotecas un espacio abierto y generoso del que pueden apropiarse. Me encanta que sea así. Esto más allá del humor que le ponga a un cuento (porque de verdad se ve gente rara en las bibliotecas, pero no menos que en un parque o en un bar...)

Mauricio N. Barrios dijo...

En la biblioteca que frecuentaba como estudiante, siempre había un tipo
(creo era un indigente) que pedía un libro, se sentaba y lo abría de manera que su cara quedara oculta detrás, y dormía. En los ratos que se mantenía despierto observaba a la gente, y si lo mirabas te guiñaba un ojo. Otra característica chistosa es que de su bolso sacaba un reloj despertador el cual ponía sobre la mesa.

Isabel Garin dijo...

ja ja, el reloj sobre la mesa sería para despertarse a tiempo! yo también recuerdo uno que pedía un libro para dormir, y directamente lo usaba como almohada, ni se molestaba en hacer como que leía. A mí me resultan simpáticos

Anónimo dijo...

super interesante, aquí en la biblioteca tambien hay chicos raros, uno en especial que siento que cualquier día va a entrar con una pistola y pegarme un tiro :S qe miedo

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